Reflexiones en el aniversario número 100 de ‘Democracia y Educación’, de John Dewey

John Dewey [1859-1952], un influyente filósofo, psicólogo y pensador educativo, publicó su libro ‘Democracia y educación: una introducción a la filosofía de la educación’ en 1916. Cien años después, ¿cuál es la importancia del trabajo de Dewey en general, y de este libro en particular?

John Dewey [junto a Lev Vigotsky y Jean Piaget] suele ser considerado el padre del constructivismo. Él creía que el aprendizaje es un proceso social y comunal que requiere que los alumnos construyan sus propios conocimientos sobre la base de la experiencia personal. “Ningún pensamiento, ninguna idea, puede expresarse como una idea de una persona a otra… tan solo luchando con las condiciones del problema de primera mano, buscando y hallando la propia salida, es que él/ella piensa… la alegría que los niños experimentan en sí mismos es la alegría del constructivismo intelectual” [Dewey 1916, pág. 166].

La importancia de la pregunta como enfoque de enseñanza

Dewey enfatizó la importancia de la pregunta como enfoque de enseñanza, lo que hizo que se lo asociara con el descubrimiento de los enfoques de enseñanza centrados en el aprendizaje y los enfoques progresivos centrados en el niño. Si bien desde luego creía en las necesidades educativas de conectar el aprendizaje con la experiencia que los alumnos tienen del mundo real y en que estas estuvieran centradas en el niño, también hizo hincapié en la importancia de un plan de estudios riguroso que desarrollara conocimientos y metodologías influyentes. Dewey no se sentía cómodo con algunos de los enfoques pedagógicos progresistas más extremos que luego se asociaron a su nombre.

Dewey creía que desarrollar facultades intelectuales era algo necesario pero no suficiente en lo que respecta a los objetivos de la educación. La escolaridad debe equipar a los jóvenes para vivir una vida plena y convertirse en aprendices de por vida, capaces de realizar su potencial y contribuir a la sociedad. A Dewey le alarmaba el hecho de que las escuelas fallaran en este aspecto, promoviendo alumnos pasivos y obedientes más que sujetos reflexivos, autónomos y capaces de tomar decisiones bien fundadas. Creía que una de las funciones absolutamente críticas de la educación es desarrollar el intelecto, la motivación y la sabiduría de los jóvenes para que puedan convertirse en ciudadanos ‘maduros’ y eficientes, capaces de transmitir cultura de una generación a la otra y de transformarla a medida que se avecinan cambios: “La educación es a la vida social, lo que la nutrición y la reproducción son a la vida psicológica”.

La conexión entre democracia y educación

Lo que resulta particularmente interesante sobre este libro es la conexión que Dewey resalta entre democracia y educación, reflejando su apoyo a la democracia. La democracia no trata solo acerca de extender el derecho al voto, un gran tema en 1916, sino también sobre equipar a los ciudadanos con la capacidad de hacerse responsables de tomar decisiones y elecciones inteligentes y bien fundadas, que conduzcan al bien común. Creía que la democracia no es solo un sistema político sino un ideal ético con participación activa e informada por parte de los ciudadanos. Las creencias y teorías establecidas deberían cuestionarse de manera crítica y revisarse a la luz de los progresos, que en la práctica evolucionan para satisfacer las necesidades de los tiempos cambiantes. Si la democracia ha de funcionar, se precisan ciudadanos informados, conocedores y sabios y, por ende, la educación tiene un propósito moral. Los docentes y las escuelas tienen la responsabilidad de nutrir el carácter además de transmitir conocimientos y desarrollar competencias y habilidades.

Dewey enfatizó que la educación debe preparar a los estudiantes para un futuro incierto y, en consecuencia, se le debe dar gran prioridad al desarrollo de hábitos eficaces y al desarrollo de la capacidad de adaptarse y de aprender a aprender. Esto es de destacar debido a que, durante su vida, con la notoria excepción de la Gran Depresión y las dos Guerras Mundiales, la vida de la gran mayoría de las personas era comparativamente predecible. La industrialización y la producción en masa significaban que muchos tenían trabajo de por vida y el énfasis de la educación se ponía en preparar a los individuos para sus respectivos roles en un lugar de trabajo bastante predecible. El mundo moderno y globalizado es, por contraste, muy impredecible. En general los individuos tienen poca seguridad laboral y muchas carreras, y el poder lidiar con la incertidumbre de modo correcto nunca ha sido más importante.

Dewey veía a los docentes como necesitados de ser profesionales creativos que demostraran no solo conocimiento de su asignatura sino también pasión por el conocimiento, curiosidad intelectual, y comprensión del proceso de aprendizaje y de los niños que estaban bajo su cuidado. Dewey entendía que los docentes sobresalientes respondían rápidamente a las respuestas de los estudiantes como indicios del nivel de comprensión en dicho momento, una consecuencia directa del constructivismo.

Lo que Dewey entendía por constructivismo, como teoría que explicaba con qué profundidad sucede el aprendizaje, y luego desarrollada por Vygotsky y otros, se ha convertido en el paradigma establecido. Las consecuencias, ahora ampliamente reconocidas, incluyen comprometer y desafiar a los estudiantes, relacionando el aprendizaje con la experiencia y escuchando a los alumnos a fin de comprender el pensamiento estudiantil y ajustar la enseñanza de manera acorde. La preocupación de Dewey por que un foco en los intereses de los alumnos debe equilibrarse con la necesidad de desarrollar conocimiento y comprensión influyentes sigue siendo de gran importancia hoy en día en debates acerca de cómo organizar el plan de estudios.

A medida que nos adentramos en la era de la información global e incierta, es probable que la preocupación de Dewey por la relación entre una democracia eficaz y la educación sea su lección más importante. Nunca ha sido más importante enseñar a los jóvenes a saber lidiar con la incertidumbre, a aprender a cómo aprender de por vida, y a comprender que la educación es una iniciativa moral que se relaciona con el desarrollo de ciudadanos informados, capaces de tomar decisiones y elecciones bien fundadas.


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